CUENTOS, CAMINOS, FLAMENCOS

Hace unos ocho años, en una fiesta de barrio en mi ciudad, Utrecht, asistí por primera vez a una actuación de flamenco en vivo. El cantaor con su voz cruda y el zapateado firme del bailaor pusieron al público en éxtasis. Antes no apreciaba el flamenco, pero aquella vez fui una de las mujeres que gritaron más fuerte. El vino y la paella gratis sin duda ayudaron, pero el hecho es que yo me acababa de ‘convertir’. Poco después empezé las clases de cante en el Centro Flamenco de Utrecht y desde entonces soy aficionada.

 

Ya siempre estaba ocupada con la música, tanto activa como pasivamente. Amaba el pop, la música clásica, las músicas del mundo. Me gustaba cada vez más la música medieval, los instrumentos ricos en harmónicos, el estilo de cantar y acompañar. A través de conjuntos de música antigua llegué a conocer el repertorio sefardí, y sobre todo los romances que me llegaron al corazón.

 

A partir del romance sefardí tuve acceso al romancero español general. En efecto, toda la tradición musical española se abrió ante mis ojos como una flor. Ningún otro país tiene una tradición tan rica y diversa, en ninguna otra parte se entrelazan música popular y música clásica tan fuertemente, en ningún otro país se conservaron tantas canciones populares y romances.

Con el romance, por supuesto, me refiero a esas canciones antiguas que hablan de la vida y hazañas de héroes históricos o legendarios. Provienen a menudo de novelas épicas medievales, los ‘cantares de gesta’ de los siglos XII y XIII.

 

Aquellas novelas medievales son escritos en frases cortas que riman y contienen muchos diálogos; puede que estuvieran destinados a recitar o cantar. En ellos concurren motivos universales como la valentía, el amor, la lealtad y la muerte. Los romances que provienen de estas obras épicas fueron conocidos en toda Europa – incluso en la región de lengua neerlandesa – siendo muy populares desde el siglo XIV hasta el siglo XVII.

 

En mi país no han sobrevivido muchos. Los Países Bajos y Flandes durante la Edad Media ya estaban relativamente urbanizados y en el siglo XVI muchos ciudadanos ya sabían ler. Después de que los Países Bajos del Norte se independizaran de Felipe II y vivieran su ‘Edad de Oro’ 1, la gente prefería cantar Geuzenliederen (los canciones de los ‘geuzen’=los rebeldes) y baladas de marineros.

 

Los romances paneuropeos sobre caballeros heroicos e ideales cristianos en España cayeron en suelo fértil. Durante y tras la Reconquista surgieron muchos nuevos. Se encuentran en todos los rincones de la Península Ibérica, la diáspora sefardita y el nuevo mundo. Los encontramos en cancioneros populares, en composiciones del Renacimiento, y en el flamenco2.

 

 

Anna Catharina Smits

www.studiodessino.nl

nl.linkedin.com/in/annastudiodessino/

 

 

 

Notas

 

1  En 1581 las provincias del norte se declararon independiente de España en la Acta de abjuración. El siglo XVII en los Países Bajos es conocida como Edad de Oro, etapa en la que florecieron las artes y el comercio marítimo.

 

2  Por ejemplo véase, respectivamente: cancioneros regionales antiguas y nuevas en toda España y colecciones como Canciones Populares Antiguas de F. García Lorca; libros de música de vihuela del Renacimiento como los de Diego Pisador y Luys Milán. Una fuente más que interesante es la base de datos Romancero pan-hispánico: http://depts.washington.edu/hisprom/espanol/router.htm

Aquí se encuentran tambien las colleciones sefardítas. Del flamenco hablamos más tarde.